La nube es extraña y engañosa.
Seduce y hechiza.
Puede ser liviana o pesada, blanca o negra.
Si liviana, muta constantemente sin notarlo, sus hilos sueltos van formando una sábana de seda blanca, que camina por el cielo sin rumbo.
Si pesada, se mantiene densa como un telón oscuro que nubla la luz, puede quebrarse, llorar y gritar hasta agotarse.
Los seres somos nubes. Indecisos muchas veces, temerosos otras tantas.
De la indefinición nace la locura. Tras la explosión, llega la calma.